Mis notas de lectura de “Hamlet”
- Prof. Enrique de Mestral

- hace 12 horas
- 4 Min. de lectura
Quiero compartir algunos extractos de esta obra cumbre de Shakespeare.
La tragedia gira en torno al príncipe Hamlet, hijo del Rey de Dinamarca, recientemente asesinado por su propio hermano. Este no sólo lo sucede en el trono, sino que, apenas un mes después del funeral, toma por esposa a la Reina viuda. Este hecho comienza a desencadenar en Hamlet profundas alteraciones del ánimo y del pensamiento.
Poco después, el espectro de su padre se le aparece y le cuenta la verdad: no murió de manera natural, sino víctima de un fratricidio por envenenamiento.
La madre, al verlo perturbado, le dice:
“Sabes que es ley común: lo que vive, morirá, pasando por la vida hacia la eternidad.”
Hamlet responde:
“Lo que yo siento dentro no se expresa; lo demás es ropaje de la pena.”
El nuevo Rey interviene:
“¿Por qué hemos de tomar tan a pecho la muerte de los padres? Es una ofensa al cielo, ofensa al muerto, ofensa a la realidad y hostil a la razón.”
Hamlet comienza a pensar en el suicidio:
“¡Ojalá el Eterno no hubiera promulgado una ley contra el suicidio!”
Y recrimina a su madre:
“Flaqueza, te llamas mujer. Apenas un mes, antes de gastar los zapatos con los que acompañó el cadáver de mi padre, toda llorosa ella, se casa con mi tío.”
Entretanto, Ofelia, hija de un servidor del Rey, se enamora de Hamlet. Su padre, desconfiado, le advierte:
“Cepos para pájaros. Sé bien que cuando arde la sangre, el alma se prodiga en juramentos. Esas llamaradas que dan más luz que calor y se extinguen cuando parece que prometen, no las tomes por fuego. Es propio de la juventud carecer de juicio, así como en la vejez excedernos en desconfianza.”
Hamlet, trastornado por la muerte de su padre y por su amor hacia Ofelia, exclama:
“Duda que ardan los astros, duda que se mueva el sol, duda que haya verdad, mas no dudes de mi amor.”
Más adelante reconoce su abatimiento:
“He perdido la alegría, he abandonado todas mis actividades.”
La Reina, preocupada por la salud de Hamlet, le dice a Ofelia:
“Me alegraría que la causa de la insania de Hamlet fueran tus encantos, como espero que, por el bien de los dos, tus virtudes le devuelvan al camino acostumbrado.”
Ante la aparición del espectro de su padre, Hamlet implora:
“No me dejes estallar en la ignorancia, sino dime por qué el sepulcro al que en calma descendiste abre ahora sus pesadas mandíbulas de mármol para arrojarte de sí.”
El espectro responde:
“Soy el alma de tu padre, condenado por un tiempo a vagar en la noche y a ayunar en el fuego por el día, hasta purgar los pecados cometidos en vida. La serpiente que arrancó la vida de tu padre lleva ahora su corona.”
Abrumado, Hamlet pronuncia el célebre monólogo:
“Ser o no ser, esa es la cuestión. Morir: dormir; tal vez soñar. Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales, herencia de la carne, sería una conclusión deseable. ¿Quién soportaría los azotes e injurias del mundo, el desmán del tirano, la afrenta del soberbio, las penas del amor despreciado, la tardanza de la ley, pudiendo cerrar cuentas con un simple puñal? Pero el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve, detiene la voluntad y nos hace soportar los males que tenemos antes que huir hacia otros que ignoramos?”
En su creciente desequilibrio, Hamlet le dice a Ofelia:
“Si te casas, sea mi dote esta maldición: serás más casta que el hielo y más pura que la nieve, y no evitarás la calumnia. Vete a un convento.”
Y también afirma:
“Dame un hombre que no sea esclavo de sus emociones, y lo llevaré en mi corazón”.
Ofelia, desesperada, clama:
“¡Santos del cielo, curadle!”
El Rey decide entonces:
“La locura de un grande no debe descuidarse.”
Más tarde, arrepentido, reconoce:
“Inmundo es mi pecado; su hedor llega hasta el cielo: el fratricidio. ¿Puede perdonarse mi asesinato si aún gozo de sus frutos: la corona, la reina, mi ambición?”
Hamlet lo sorprende rezando y reflexiona:
“Ahora es buen momento.”
Pero se detiene y piensa:
“No es venganza enviarlo al cielo. Mejor cuando esté ebrio o en el lecho del placer incestuoso; entonces su alma será más maldita.”
En un momento de furia, Hamlet mata por error al padre de Ofelia, creyendo que se trata del Rey. A partir de allí, la tragedia se precipita: Ofelia enloquece y muere ahogada; el Rey trama la muerte de Hamlet mediante una copa envenenada; se desencadena un duelo entre Hamlet y el hermano de Ofelia, en el que ambos resultan mortalmente heridos. La Reina bebe la copa destinada a Hamlet y también muere. Finalmente, el Rey es obligado a beber el veneno que había preparado.
La obra culmina con la devastación total de la familia real, en una tragedia que expone con crudeza los conflictos del poder, la culpa, la venganza y la fragilidad del alma humana.





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