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La filiación como rasgo común identitario

Actualizado: 25 abr 2023

Trabajo desarrollado para el Bienio Propedéutico de Filosofía que estoy realizando en línea en la ULIA (Universidad Libre de las Américas).



1. ¿Cuál es la realidad de la filiación en la actualidad -según el artículo-?


En el concepto de matrimonio, hay mucho de jurídica y antropología. Son relaciones sincrónicas y horizontales. En la familia, se entra en la ciencia social, un sujeto colectivo, soberano, comprende la diacronía paterno filial y el diálogo intergeneracional. El comunitarismo contra el individualismo hoy dominante. En la cultura individualista que vivimos, la libertad se confunde con la independencia de los otros, del entorno, de Dios. Sus funciones son el cuidado intergeneracional, la prevención de desviaciones, cierta rectoría del comportamiento y la comunicación. Las amenazas constituyen la afirmación del individuo sobre la comunidad, la legalización del divorcio (donde se ignora la suerte de los hijos), el relativismo.

Esto mismo trae la descristianización de Europa, puesto que el cristianismo es un mensaje de caridad, de pensar en el otro. Y un fenómeno serio es el aumento del suicidio en los jóvenes por desamor, desesperación y falta de familia. La familia, constituida por los cónyuges y los hijos (por lo menos una apertura a esa posibilidad), tiene un límite y se discrimina entre propios y extraños. Existen hoy día ciertamente otros tipos como las monoparentales, las de homosexuales que adoptan niños o los hacen portar a mujeres extrañas al núcleo familiar (gestación subrogada o “vientre de alquiler”).



2. ¿Qué características aporta la filiación desde la dimensión antropológica?


La familia es más que la célula vital de la sociedad; es el lugar en el que todo hombre crece en humanidad y en relaciones de paternidad y filiación como una red donde se da el amor mutuo. Esta familia necesita su espacio de identidad y de unidad. No es igual una vida en comunidad donde no se pueda impartir pautas propias a su propios hijos con muchos extraños.


El individualismo se presenta en nuestra sociedad como uno de los mayores desafíos a la institución familiar. La familia es por esencia comunidad y relación jerárquica y diacrónica de unos con otros. Frente al individualismo postmoderno, que viene a diluir la familia y la diferencia, tenemos al modelo del matrimonio cristiano de hombre y mujer, donde se conjugan la sexualidad y la reproducción como un proyecto de apertura a la filiación. Como comunidad, la familia responde a una lógica de solidaridad y compromiso. Este comunitarismo distingue la visión tradicional del matrimonio y la familia. Son cosas, o por lo menos etapas diferentes.


Frente a las ideologías actuales que desdibujan la diferenciación sexual y generan mentalidades antinatalistas, como en la ideología de género, se percibe una irracionalidad en el egoísmo y no en la donación, se uniformiza lo humano, se prescinde de la dualidad natural.


Nosotros los humanos somos seres duales, como ejemplos, la dualidad hombre-mujer, niño-hombre, yo-tú. Todo en el hombre es dual y esa dualidad permite que la familia sea un nicho ecológico idóneo donde el hombre se edifica. La visión negativa que puede darse es la de suprimir la dualidad y uniformizar lo humano. Se debería incorporar al par en la distinción, la unidad en la diversidad; por eso en el matrimonio somos uno pero somos dos también y dos que son opuestos, porque se es hombre o mujer, y somos distintos pero somos un par que debería funcionar al unísono.



3. Opinión personal de los contenidos leídos.


La idea es que el Estado compense económicamente a las familias para que éstas puedan tener más hijos, cuidar a sus ancianos o mantener enfermos o discapacitados en sus hogares, puesto que la red familiar ya está tejida y es mucho más efectiva y humana. Esto me parece ideal pero utópico. Es interesante que se quiera quitar ciertas asistencias del Estado y dar mayor apoyo a las familias. Pero en la actualidad, lo que se ve es que justamente las familias piden liberarse de estas cargas, que el Estado se ocupe de los ancianos e inválidos, que se permita el aborto cuando los hijos no son deseados o programados. Este egoísmo reinante, la búsqueda del confort, evitarse problemas, no cargarse de hijos, sentirse libres, trae el suicidio de la civilización europea que ya está llegando al milenio de su resplandor. Y como todas las civilizaciones tienen más o menos este tiempo de duración (Mesopotamia, egipcios, griegos, romanos, Edad media), pronto la población europea será suplantada por otras culturas, la mahometana sobre todo, ya en un plazo no mayor de 100 años.


En América Latina los familiares hacen un esfuerzo titánico por ocuparse directamente de los niños, los abuelos, los enfermos, los discapacitados, y, en la medida de lo posible, los enfermos mentales. La hospitalización o la institucionalización son muy costosas y recae en la familia, que puede tener prioridades en la alimentación, la educación, la vestimenta, la enfermedad, el desplazamiento de los hijos. Es sin dudas una cultura más humanizada hasta el momento. Existe como amenaza una gran inequidad en la accesibilidad a los servicios de salud, a los seguros de desocupación, a la asistencia a los discapacitados por vejez, enfermedades o accidentes. Los gastos de bolsillo son enormes, y los ingresos, bajos.


Ciertamente Jesucristo habló de una familia compuesta por los cónyuges y los hijos, fiel, monogámica e indisoluble. Sería muy interesante proponer a los jóvenes una preparación para formar una familia y no sólo para el matrimonio, como actualmente.

Una persona que vive el instante de un acto sexual ocasional no puede medir las consecuencias en el tiempo, un posible embarazo, que si aparece, pues como no estaba pensado ni es querido, se busca terminar con ello. Y los que reciben al niño (a los niños) llegará un momento en que tendrán que establecer prioridades, entre invertir en sus hijos o en sus padres. Y si bien el amor paterno es más perfecto que el amor filial, está la norma “honrarás a tu padre y a tu madre” que ya tiene 3000 años de vigencia. Pero la tentación, para el individuo y para la economía social, es deshacerse de lo que no es prioritario, de los menos amados (que tienen un coste elevado por la mala salud y las dependencias), abandonar o eliminar a los decrépitos, ancianos y enfermos mentales. Esto se parecería un poco a la solución final del nazismo.


La familia es más que la célula vital de la sociedad; es el lugar en el que todo hombre crece en humanidad y en relaciones de paternidad y filiación como una red donde se da el amor mutuo.
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