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Extractos de la Encíclica Magnifica Humanitas de León XIV

Temas centrales: Doctrina social de la Iglesia, la dignidad humana, peligros y ventajas de la IA, construcción de la paz y el diálogo, el pensamiento crítico. 



23. La Iglesia considera compañeros de camino a todos aquellos que buscan sinceramente la verdad, la bondad y la belleza 


30. Rerum Novarum, León XIII. Las personas tienen un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio. 


31. Quadragesimo anno, Pío XI. Se pronuncia sobre la dignidad del trabajo y del trabajador, el derecho a un salario justo y proporcional al rendimiento y a las necesidades del trabajador y su familia. Defiende la propiedad junto con su función social, aprecia las asociaciones de trabajadores, evitando la lucha de clases.


La Doctrina social de la Iglesia (iniciador León XIII), pregona la dignidad de las personas, el valor del trabajo, el bien común,  el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la justicia, la centralidad de la paz y la fraternidad.


32. Pío XII, apoya las asociaciones profesionales y las uniones de trabajadores. Sostiene un estado de derecho para prevenir los abusos de poder y reconoce a la democracia. Fundar el derecho en el interés o en la fuerza expone a pueblos más débiles. Los profundos desequilibrios económicos entre los países son algunos de los factores que alimentan los conflictos. 


35. Pablo VI. El desarrollo es el nuevo nombre de la paz. Por desarrollo humano integral, entendemos un proceso en el cual el crecimiento de las personas y de los pueblos abarca todas las dimensiones de la existencia y abre el futuro también a las generaciones venideras. 


38. Populorum progressio. La civilización del amor (ver 186) incluye la solidaridad, corresponsabilidad concreta, amistad social y caridad política. Encarnar el amor de Dios en la trama concreta de la historia. El ser humano está llamado a una comunión con Dios. Aprender a acoger a todos como hermanos, hijos de un mismo Padre.


51. Juan Pablo II. La dignidad ontológica de toda persona, de su valor superior a las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables, es un don que le precede y le excede.


54. La Declaración Universal de los Derechos del Hombre 1948, una de las más altas expresiones  de la conciencia humana. 


57. Las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia con menores posibilidades de defender sus derechos padecen una doble vulnerabilidad.


66. Hay una gran brecha entre los que pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen. Entre los bienes estratégicos de nuestro tiempo deben incluirse también las patentes, los algoritmos, las plataformas digitales, las infraestructuras tecnológicas, los datos.


Imaginemos la situación de los pobres, migrantes, refugiados, desplazados internos, víctimas de la violencia, las personas que viven en periferias urbanas o existenciales, los que cargan aún con las consecuencias de los agravios sufridos en el pasado.


90. La Torre de Babel, la obra común, está guiada por un proyecto de dominio que termina por deshumanizar.


Las ruinas de Jerusalén, que con Nehemías se reconstruyen pieza por pieza, como una labor de responsabilidad compartida. Y hoy, ¿qué estamos construyendo ?


92. La técnica, en vez de instrumento, puede volverse criterio, y termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz. 


94. Pablo VI advertía que los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre. 


97. Recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que  sea siempre la inteligencia humana sea siempre, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites. 


98. Los sistemas de IA modernos están más cultivados que construidos: los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA crece. 


99. La potencia de la IA sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: estos sistemas no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguaje, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía y comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. 


100. No conocen la compasión, la misericordia, el perdón y sobre todo, la apertura a la esperanza de cambio en el individuo. 


110. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Habría que desarmar IA que significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedir el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida. 


112. ¿Qué significa custodiar lo humano? El riesgo no es sólo que algunas tecnologías se usen mal, sino que el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo. 


113. En un ecosistema, la armonía se rompe cuando una sola especie prolifera en detrimento de las demás; en lo humano ocurre lo mismo cuando una facultad pretende ser la medida de todo. Así la inteligencia, si se absolutiza, termina por velar otras dimensiones esenciales de la vida, el afecto, la voluntad, la entrega y la relación.


114. La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función. 


116. El trans y posthumanismo están unidas por el mismo mar de presupuestos: la centralidad de la técnica y el sueño de superar los límites de la condición humana. El transhumanismo imagina una potenciación del ser humano por medio de las tecnologías (biomedicina, ingeniería del cuerpo, dispositivos, algoritmos), con la aspiración de incrementar el rendimiento y las capacidades. El posthumanismo critica el antropocentrismo y plantea una forma de hibridación entre el ser humano, la máquina y el ambiente, hasta imaginar que atravesará el umbral en el que la humanidad se superaría a sí misma, entrando en una nueva etapa evolutiva. 


117. Si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos. En nombre del progreso se puede llegar a pensar en “sacrificios necesarios”, y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie.


118. Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un “límite” —incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. 


119. Es precisamente en nuestro ser limitado donde encuentran lugar la compasión, la sincera preocupación ante las necesidades de los demás, la generosidad que sorprende incluso en medio de la oscuridad y el fracaso, la experiencia espiritual y la adoración a Dios. Lo vemos en tantos momentos en los que el límite se hace tangible en nuestra vida: cuando recibimos un rechazo, cuando sufrimos a causa de la enfermedad o la muerte de una persona amada, cuando experimentamos la incapacidad o el error. Misteriosamente, es en estos casos que podemos encontrar una nueva sabiduría, palpar el afecto de las personas y experimentar la presencia del Señor.


120. Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino a integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los años conservamos en nosotros enseñanzas que quedan marcadas como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y caídas, sueños y decepciones. Sólo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el corazón esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto más dulce de nuestro ser humano. Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significa ser humanos.


121. La corrupción moral de nuestro límite creatural —el mal que evidentemente agita el corazón del hombre— arruina la sociedad y la vida, llegando incluso a extremos de deshumanidad. Y, sin embargo, también esta dolorosa forma de límite deja resquicios al bien. Aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una pequeña luz sigue brillando en la humanidad y sigue siendo capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversión y reconciliación. Viktor Frankl decía justamente que en los momentos de horror «hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios».  


122. La cultura y el arte, cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal. De ese modo, algunas obras han asumido un valor casi profético: la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad; Guernica como denuncia de la deshumanización; La lista de Schindler como una invitación a no entregar el pasado al olvido.


123. La historia no se presenta sólo como el catálogo de nuestras acciones violentas, sino también como la prueba de que el ser humano sabe fundar instituciones capaces de proteger la vida común. En los últimos dos siglos lo vemos en algunos acontecimientos emblemáticos: el nacimiento del Comité Internacional de la Cruz Roja (1863), cuya neutralidad operativa garantiza un cuidado compasivo para todos; el largo proceso que ha llevado a la abolición de la esclavitud, que no ha sido un simple cambio jurídico, sino una transformación de la conciencia; la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (1945) y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), que han fijado un lenguaje común para decir, al menos como ideal compartido, que la dignidad es universal; la Convención sobre los refugiados (1951), que reconoce un deber de protección hacia los que huyen de persecuciones y amenazas. En estos ejemplos, el deseo de bien se traduce concretamente en formas públicas -normas, instituciones, prácticas- capaces de limitar la fuerza y defender a los vulnerables. Pero nada de eso ha surgido sin ser enfrentado por resistencias, intereses mezquinos e inercias culturales. Las conquistas morales tienen casi siempre el rostro de un camino largo y fatigoso, marcado también por contratiempos; pensemos en los procesos de paz interrumpidos o en la lenta aplicación de los compromisos ambientales. Aun así, precisamente la fragilidad de estos resultados demuestra cuán preciosa es la responsabilidad de quienes los inician y los sostienen.


126. Si existe un auténtico “más que humano”, ¿dónde se encuentra? La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios, recibida en Cristo.


128. Como explicaba el Papa Francisco, «llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero». Aquí se encuentra la diferencia radical respecto a los sueños prometeicos: lo que salva lo humano no es la autosuficiencia potenciada, sino una relación que libera, una comunión que transforma. Frente a esto, una tecnología que clasifica y optimiza lo que ya existe puede ser, sin querer, un obstáculo al cambio y al crecimiento.


129. San Juan Pablo II: la IA, ¿«hace la vida del hombre sobre la tierra, en todos sus aspectos, “más humana”?; ¿la hace más “digna del hombre”?». Si la respuesta es “sí”, entonces podemos reconocer en ella una posibilidad buena para usar con responsabilidad, en un camino de reconstrucción compartida. O bien puede ser una nueva versión de la Torre de Babel.


132. La desinformación no surge con la IA, pero encuentra hoy en ella un potente multiplicador. 


133. Se trata de puro poder carente de verdad, que impone sutil o abiertamente lo que quiere que los demás consideren como verdadero. Detrás de todo ello hay una raíz enferma difícil de reconocer: el hecho de que «el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo».  Por ello, cree que puede construir la realidad y que lo que mejor se adapte a sus pretensiones es válido. San Juan Pablo II reflexionó sobre las consecuencias de la “crisis en torno a la verdad”, llegando a afirmar que, «abandonada la idea de una verdad universal sobre el bien, que la razón humana puede conocer, ha cambiado también inevitablemente la concepción misma de la conciencia» 


135. Los contenidos que circulan en los entornos digitales influyen en la forma en que las personas perciben el mundo e introducen en la conciencia colectiva imágenes y relatos que orientan los deseos e influyen en las decisiones cotidianas. «No es un mundo paralelo o puramente virtual»,  porque lo que surge en internet pasa a formar parte de la vida de las personas, sobre todo de los más jóvenes. 


152. La protección de los puestos de trabajo y del papel insustituible de la persona.


159. Se observa la necesidad de sumar al PIB (Producto Interno Bruto) otros parámetros y métricas complementarias, como la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medioambiente. 


160. La función social del crédito sigue siendo insustituible.


161. La riqueza mundial ha crecido en términos absolutos, pero su concentración en pocas manos ha aumentado y los desequilibrios se han acentuado. 


162. No cabe duda de que se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos. Pero no hay que considerar la búsqueda de la justicia social como un tema separado y posterior a la producción de riqueza, como si la economía debiera limitarse a crear valor y la política interviniera sólo después para distribuirlo. Por el contrario, la justicia afecta a todas las fases de la actividad económica, desde la obtención de recursos hasta la financiación, desde la producción hasta el consumo, y cada elección tiene consecuencias morales. 


163. La política tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación. La prosperidad puede contribuir a construir y fortalecer la paz sólo si es generalizada, inclusiva y sostenible. 


166. Mientras se celebran los avances tecnológicos, la estructura social se ve progresivamente erosionada. Es bien conocido el impacto devastador  del  desempleo y la precariedad en el tejido familiar. 


171. Cuando cada gesto deja huellas —desplazamientos, compras, relaciones, preferencias—, se crea un poder nuevo: el de perfilar, prever y orientar los comportamientos 


172. La raíz de estos problemas es una mentalidad tecnocrática y posthumanista, que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar, eliminando todo lo que pone límites a la maximización del beneficio: lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana. Algunas corrientes posthumanistas llegan incluso a plantear la existencia de seres humanos “de segunda clase”, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores: una perspectiva inquietante, más grave aún si se combina con instrumentos tecnológicos que amplían de forma exponencial el poder de control y de selección. 


176. Pido sinceramente perdón por la esclavitud, sin haberla explicitado de manera oficial en 18 siglos, su incompatibilidad con la dignidad humana.


186. Pablo VI. La civilización del amor consiste en traducir la caridad en estructuras de justicia, en dar cuerpo institucional a la fraternidad y en considerar al otro -ya sea persona o pueblo- como un aliado necesario para la construcción del bien común. 


195. Es mucho más fácil iniciar una guerra que detenerla. 


197. Desarrollo y uso de la IA en el ámbito bélico. 


198. Agentes morales artificiales. Pero el juicio moral no se puede reducir a un cálculo: implica conciencia, responsabilidad personal y reconocimiento del otro como persona. Es de máxima importancia infundir valores y un juicio prudente en la programación de los sistemas artificiales que construimos.


199. Es necesario indicar criterios precisos de discernimiento. El primero se refiere a la responsabilidad personal. El segundo criterio se refiere al tiempo del juicio oral (la IA suele acortar los tiempos). El tercer criterio es la distinción y la protección de los civiles. 


203. Así se debilitan también los logros del derecho humanitario: el principio de proporcionalidad en la respuesta a las agresiones, la protección del acceso al agua, los alimentos y los bienes esenciales, y el respeto por la vida de los civiles y de los niños son tratados como ingenuas reminiscencias del pasado. 


204. En muchos países, incluso en el Sur global, el aumento del gasto militar se presenta como la única respuesta a un futuro incierto o a amenazas percibidas, mientras que el costo real recae sobre los más pobres, que ven reducirse los recursos destinados a la salud, a la educación y a los servicios sociales. 


205. Se siembra un realismo político con una resignación ante una guerra ineludible, y califica la paz y el diálogo como posiciones utópicas e irracionales. 


206. Los extremismos religiosos y los fanatismos identitarios se alían con un economicismo irracional, mientras que la política recurre con facilidad a la desinformación, a la ridiculización del adversario y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos. Así, la diversidad del otro se vive cada vez más como una amenaza, alimentando el deseo de posesión, la voluntad de dominio, las ambiciones hegemónicas, los abusos de poder y el miedo a la diferencia, y preparando un terreno en el que pueden madurar nuevos conflictos sin apenas darnos cuenta. 


208. En países marcados por graves tensiones sociales, no podemos excluir que alguien termine considerando el conflicto armado como una forma eficaz de desviar la atención de los problemas internos y como un instrumento de gestión cínica de las dificultades. 


219. Con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo se puede perder. 


226. Liberar recursos humanos para destinarlos a la promoción humana. 


230. La misericordia de Dios se extiende de generación en generación. 


231. La carne del Hijo, pobre y vulnerable, evoca la carne de tantos hermanos y hermanas despojados de su dignidad y reducidos al silencio. Y a través de esta cercanía, el don de la paz entra en el mundo de modo paradójico: como el poder de llegar a ser hijos de Dios, que se aviva cuando nos dejamos conmover por el llanto de los pequeños, por la fragilidad de los ancianos, por el silencio de las víctimas,  


232. Lo que salva al hombre es el amor divino.


234. Referente a la Eucaristía. Lo que vemos tiene aspecto corporal: lo que entendemos, fruto espiritual. 


235. El “Amén” que decimos en la liturgia, el Cuerpo que comemos y la Sangre que bebemos, dan forma a toda nuestra vida. La Eucaristía «es el encuentro personalísimo con el Señor y, sin embargo, nunca es un mero acto de devoción individual».  En ella se muestra visiblemente que nosotros «somos la Iglesia de Cristo, somos sus miembros, su cuerpo. Somos hermanos y hermanas en Él. 


238. Debemos educarnos para considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar.


239. Invito a salvaguardar los espacios y los momentos en que la presencia física sigue siendo decisiva: la mesa compartida, la comunidad cristiana que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres.  


240. Verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos. Invito a mirar con lucidez las redes de producción digital, las condiciones de trabajo ocultas detrás de nuestros dispositivos, los mecanismos que se aprovechan de la manipulación y la guerra  


243. En el programa de vida cristiana —después de la fe que contempla el designio de amor del Padre, la caridad que nos une en un único cuerpo eclesial y la esperanza que sostiene nuestra acción en el mundo— está la oración. Por ejemplo, el cántico de María: el Magnificat. 



Breves referencias explicativas


  • Rerum Novarum (1891): Encíclica de León XIII considerada el texto fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia, centrada en la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores.

  • Quadragesimo Anno (1931): Encíclica de Pío XI publicada cuarenta años después de Rerum Novarum, que profundiza en la justicia social, el trabajo y la organización económica.

  • Populorum Progressio (1967): Encíclica de Pablo VI que presenta el desarrollo humano integral como condición esencial para la paz y el progreso de los pueblos.

  • Nehemías: Personaje bíblico que lideró la reconstrucción de Jerusalén tras el exilio, símbolo de responsabilidad compartida y reconstrucción comunitaria.

  • Shemá Israel: Una de las principales oraciones del judaísmo, que proclama la fe en un único Dios y ocupa un lugar central en la tradición judía.

  • Guernica: Famosa obra de Pablo Picasso que denuncia los horrores de la guerra y el sufrimiento de la población civil.

  • La lista de Schindler: La lista de Schindler basada en hechos reales sobre un empresario que salvó a más de mil judíos durante el Holocausto.

  • Doctrina Social de la Iglesia: Conjunto de principios y enseñanzas de la Iglesia Católica sobre la dignidad humana, la justicia social, el trabajo, la economía, la paz y el bien común.

  • Civilización del amor: Expresión utilizada por Pablo VI para describir una sociedad basada en la solidaridad, la fraternidad, la justicia y el respeto a la dignidad de toda persona.

  • Subsidiariedad: Principio según el cual las decisiones deben tomarse en el nivel más cercano posible a las personas, evitando que instancias superiores sustituyan innecesariamente la iniciativa de individuos, familias o comunidades.

  • Destino universal de los bienes: Principio que afirma que los bienes de la creación están destinados al beneficio de todos los seres humanos, aunque se reconozca el derecho a la propiedad privada.

  • Bien común: Conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas y a las comunidades desarrollarse plenamente.

  • Solidaridad: Reconocimiento de que todos estamos interconectados y somos corresponsables del bienestar de los demás.

  • Caridad política: Compromiso de promover el bien común mediante acciones e instituciones que favorezcan la justicia, la inclusión y el cuidado de los más vulnerables.

  • Desarrollo humano integral: Progreso que abarca todas las dimensiones de la persona materiales, sociales, culturales, éticas y espirituales y no sólo el crecimiento económico.


Aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una pequeña luz sigue brillando en la humanidad y sigue siendo capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversión y reconciliación.
Aun cuando el ser humano se deshumaniza y provoca tragedias, una pequeña luz sigue brillando en la humanidad y sigue siendo capaz de reavivarse, con la gracia de Dios, recorriendo caminos de conversión y reconciliación.

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Prof. Dr. Enrique de Mestral

Profesor de Medicina.

Especialista en Geriatría y Cuidados Paliativos.

Especialista en Bioética.

Especialista en Medicina Familiar.

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