Extractos de Séneca (4 a. C.–65 d. C.), filósofo estoico romano
- Prof. Enrique de Mestral

- hace 22 horas
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Séneca y el apóstol Pablo fueron contemporáneos y vivieron en el mismo mundo romano, aunque no existe evidencia histórica fiable de que se hayan encontrado. Una antigua tradición cristiana llegó incluso a atribuirles una correspondencia, hoy considerada apócrifa. Cabe imaginar que, de haber conocido el cristianismo y abrazado su fe, Séneca habría podido ser un extraordinario apóstol, como Pablo. El cristianismo presenta importantes afinidades con algunos elementos de la ética estoica, aunque las relaciones de influencia entre ambas tradiciones siguen siendo objeto de estudio y debate. Séneca llegó a ser considerado por algunos autores cristianos como uno de los filósofos paganos más cercanos a determinados valores del cristianismo. Justino Mártir, Clemente de Alejandría y Agustín de Hipona aprovecharon conceptos filosóficos de algunos estoicos.
Séneca hace hincapié en la virtud, el dominio de las pasiones, la idea de una ley moral universal, la fraternidad, la dignidad de las personas y el desapego de los bienes materiales.
Los siguientes extractos proceden del libro de Séneca y se presentan en traducción al español. Algunas referencias bíblicas se incorporan como comparación temática y no implican necesariamente una relación de influencia directa.
EXTRACTOS.
Para únicamente subsistir no se necesita la fortuna. Para vivir bien, es suficiente un lujo pequeño.
La pobreza en ninguna parte se siente más que en el destierro.
La firmeza en la voluntad y la disminución de los deseos lo son todo.
La frugalidad es una pobreza voluntaria.
¿Saben lo que la naturaleza exige? No tener frío, ni hambre, ni sed.
Vive pobre, o como si lo fueses, si deseas cultivar tu alma.
Ama la pobreza, aunque sea porque ella te muestra a los que verdaderamente te aman.
No es pobre el hombre que posee poco, sino el que desea mucho.
El virtuoso es el único que logra ser rico y feliz al mismo tiempo.
El descanso sin el estudio es muerte y el sepulcro del ser humano.
El infortunio que es común a muchos es más tolerable.
Quien desprecia la fortuna es dichoso. La fortuna guarda para desgracias mayores a quien favorece.
De señor a esclavo es una caída muy fuerte.
Lo que se gana con trabajo se cuida mejor.
Ninguna persona puede ganar sin que otra pierda.
El discípulo pocas veces llega a igualar al maestro. (Este pensamiento recuerda a Mateo 10:24).
No se tiene por honrado al que no obtiene cargos públicos.
La medianía proporciona la felicidad; la opulencia perjudica por su propio exceso.
Muy pocos hombres aciertan antes de equivocarse.
Renuncia a los placeres turbulentos, que cuestan muy caro y causan mucho daño, tanto antes como después de haberlos disfrutado.
El que pelea con un ebrio, pelea con un hombre ausente.
El traidor es el peor enemigo.
Nadie muere sino a su momento.
Siempre el delito lleva consigo el castigo mismo.
Quien reprende al afligido es cruel.
Debemos imponernos la calma dentro de nuestras almas.
No existe mal que no ejecute una mujer furiosa.
Deleitarse con las vestimentas es algo natural de las mujeres.
No existe nada más fuerte que el amor verdadero.
El amor de una mujer casta es eterno.
No existe una desgracia similar a la execración pública.
Amar es tan útil al joven como indecente al anciano.
De la conciencia limpia del sabio proviene su permanente alegría.
La razón recta, el alma justa, la sabiduría y la virtud son los cuatro puntos cardinales de la auténtica nobleza.
La mayor prueba de sabiduría es poner al unísono el lenguaje con la conducta y presentar al ser humano como un conjunto armonioso.
Cuando quieran conocer las proporciones verdaderas de un ser humano, mírenlo desnudo, al despojarse de todas las ilusiones de la fortuna, de su patrimonio, de sus dignidades.
No se irriten contra los jóvenes o los viejos: sepan que su edad no les permite reflexionar de una manera sana.
Huyan de todas las dádivas del azar, de todos los gustos del vulgo.
El hombre ha sido criado como un ser sociable para que contribuya con el bien de la sociedad.
La vida decrece creciendo.
No hay día largo para el hombre ocupado.
El hombre vence todo menos el hambre.
Lo más perfecto que existe en el ser humano está libre de los demás.
Muchas personas finalizaron la vida antes de empezar a vivir.
Aunque no tengan resultados, los estudios son dignos de elogio.
Quien teme más los peligros es el que tiene más experiencia.
Aprendemos mientras enseñamos.
Aún está por descubrirse mucha parte de la verdad.
Es vida lo que hay después de la muerte.
En muchas ocasiones, la magnitud del mal se convierte en su propio pretexto: glorificamos al pueblo que somete a otro, castigamos al hombre que violenta a otro.
Su hijo se fue todo entero sin dejar nada en el mundo. La totalidad de su ser se encuentra separada de ustedes. Se ha elevado hasta los cielos con el fin de igualarse con las almas dichosas.
¡Qué belleza descubriríamos en el alma de un hombre de bien si pudiésemos adentrarnos en ella! Observaríamos que la majestad se une a la tranquilidad. Veríamos que está enaltecida y alumbrada por la sensatez, la justicia, la templanza y la fuerza. Encontraríamos en ella la cortesía, la mesura, la frugalidad, la comodidad, la indulgencia y hasta la humanidad.
Antes que vengarse, es preferible disimular.
Aquello es lo que ocurre a un alma fuerte: siempre estable, siempre serena, ya que ahoga en sí misma todas las características de la ira y permanece impasible en un estado inmutable de moderación y de orden.
El hombre es más peligroso y sanguinario que todas las bestias feroces. (Compárese con la célebre expresión “homo homini lupus”, de Hobbes, posterior a Séneca).
SOBRE LA DIVINIDAD.
Un antiguo mandato: Sigue a Dios.
La primera de las causas es Dios.
La libertad es obedecer a Dios.
Dios es inteligencia absoluta.
La virtud es un don de la Divinidad, no es fruto de la naturaleza ni tampoco de la ciencia.
¿Quién nos va a impedir reconocer una esencia divina dentro de lo corporal humano como parte que integra la divinidad? Esta inmensa masa en la que nos encontramos comprendidos, se mezcla, confunde e integra con Dios de quien somos miembros y compañeros. (Cf. Hechos 17:28).
El amante de la sabiduría y el sabio quedan oprimidos y encadenados por el cuerpo; pero la parte más noble de aquellos hombres, se desprende en ocasiones de lo corpóreo y se eleva a los dominios etéreos del pensamiento. (Cf. 2 Corintios 12:2-4).
Tal alma o espíritu es la emanación de Dios dentro de un cuerpo humano que puede ser propiedad de un caballero romano, de un liberto, de un esclavo.
¡Dioses inmortales! Yo únicamente tengo una queja contra ustedes: no haberme hecho conocer su voluntad muy pronto.
La persona de bien solo se diferencia de Dios en la duración.
No únicamente me someto a Dios, sino que también estoy sujeto a su voluntad, y yo lo obedezco por inclinación, no por necesidad.
El sendero hacia los dioses es más sencillo para las almas que pronto han dejado a un lado el trato de los seres humanos, evitándose muchas aflicciones y suspiros.
Antes de ser sometidos se vieron libres y, por decirlo de alguna manera, cubiertos de materia, estando más competentes y ligeros para volar a su lugar de origen y flotar sobre el fluido etéreo sin ningún impedimento. A los grandes genios jamás les parece demasiado deseable la permanencia del cuerpo: arden de deseos por elevarse después de salir de aquella materia. Habituados a cernerse por encima de la tierra y a recorrer la inmensidad de los cielos, se encuentran retenidos en esta estrecha prisión. Este es el motivo por el que Platón se queja de que el alma del sabio se esfuerce en ir corriendo hacia la muerte, único objetivo de sus pensamientos y deseos, único fin hacia el cual marcha sin demora.
Nuestra alma es la parte más noble del mundo, hecha por la naturaleza para admirar su grandeza y ser nuestra propiedad absoluta para toda la vida.
Ese Dios que nosotros suplicamos se encuentra cerca de nosotros, en nosotros y con nosotros. (Compárese con Hechos 17:28).
De la misma manera como los rayos del sol llenan la tierra de efluvios, aunque pertenezcan al astro que nos los manda, el alma grande y sagrada permanece con nosotros, sin abandonar el lugar de su origen, enviada al mundo con el fin de acercarnos a la divinidad.
Hablen a Dios como si los hombres los escucharan.


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